“To love is to risk not being loved in return. To hope is to risk pain. To try is to risk failure, but risk must be taken because the greatest hazard in life is to risk nothing.”

La ultima de Penelope en NY

Esa noche dormí bien, por primera vez en días.
El lunes me levante temprano y me arregle para ir al trabajo, salí con Marla, quien seguía enojada por no haberle contado nada aun de mi pequeño viaje.
La ignore, aun no era el momento de hablarle de August.
Llegamos 10 minutos antes a nuestra oficina y me senté en mi lugar usual.
Veinte minutos después, todos estaban en la oficina, excepto Penelope, tomando cafés y charlando; yo había decidido comenzar a escribir el Mail de agradecimiento a mi papá por prestarme su cardet.
Media hora después llego Penelope, mirando a todos con superioridad, se sentó a lado de nuestra supervisora, y comenzó a platicarle del día de campo.
Yo estaba tratando de escribir un Mail para August, cuando escuche risas disimuladas de Penelope y Kayla (mi supervisora).
Escuche partes de la conversación:
-... Y entonces ella se pone a bailar con el mejor amigo de el Conde Patrick Rumsfeld East, ese novato al que mandaron. Todo mundo quería ver a Patrick Rumsfeld, pues nadie lo conocía en persona, y todo lo que obtienen es el mejor amigo, que me han dicho, es un mujeriego. Seguro Annabeth ya no lo vuelve a ver.- dijo Penelope dirigiendome una mirada nada disimulada. Las dos rieron por lo bajo.
Me sentí un poco mal por su comentario, aun cuando yo sabia que lo vería en Delmonico's el sábado.
Una hora mas tarde todo mundo sabia quien había sido mi pareja de baile, y que el era un mujeriego.
No quise cansarme en debatirselos, así que me concentre en lo mío.
A la hora del almuerzo el jefe de nuestro departamento salió de su oficina y nos dijo que no nos fuéramos a comer porque vendría alguien importante a checar nuestro trabajo.
Nos sentamos todos malhumorados.
Quince minutos después entro la vicepresidenta de la compañía, a checar a todos.
Algo cansada pregunto a todos:
-Presten atención, me han mandado a buscar a Annabeth Jones, ¿trabaja a aqui? O ¿Saben donde se le podría encontrar?- todos me miraron y yo dije débilmente:
- Esa soy yo- estaba completamente asustada porque era algo serio que te hablara la vicepresidenta.
- ¡Gracias a Dios!- respondió aliviada.
Salió por la puerta y mientras volvía a entrar le decía a alguien que la acompañaba:
- Perdone usted pero es que siendo una empresa tan grande es imposible conocer a todos sus empleados, aqui esta- le dijo a su acompañante, mientras le abría la puerta para que entrara.
- Gracias Rose.- dijo una voz que reconocería en cualquier lado.
Me puse completamente rígida y feliz, cuando lo vi entrar.
Llevaba una camiseta roja y azul con una chaqueta de cuero negro, zapatos negros, pantalones de mezclilla oscura a su medida y para completar el look, unos lentes ray ban. Su pelo rubio tenía un corte moderno y su piel tenía un bronceado perfecto, el había aprovechado mejor su domingo.
Todas las mujeres suspiraron al verlo, incluida yo.
Busco entre todos en la oficina y encontró a Penelope.
Christopher se quito los lentes y los puso adentro de su chaqueta, completamente relajado,mientras todos lo seguían mirando embobados.
-¡eh tu eras la host!- le dijo de pasada tratando de localizarme.
Ella estaba a punto de responder cuando Christopher me avisto.
Una sonrisa ilumino su rostro, logrando que mi corazón parara por un momento .
-Annabeth, eres la mujer mas difícil de encontrar que he tenido el placer de conocer.- dijo galantemente mientras se dirigía a mi escritorio. Todas las miradas lo seguían.
-Según yo nos veríamos hasta el sábado, o ¿es que Grace me extraña demasiado?- le dije sonando mas relajada de lo que estaba.
- Los dos te extrañamos, pero vine solo porque yo siempre tengo la ultima palabra- me dijo desaprobatoriamente.
Me reí de eso, yo había tenido la ultima palabra aquel día con mi "jugada"
-¿Ya saliste a tu almuerzo?- me pregunto mientras miraba a su alrededor.
-No, alguien va a venir a supervisar todo y...- le comencé a platicar pero el hizo un ademan con la mano, mostrando que eso no era importante.
- Una excusa que hice para que todos se quedaran en la empresa y así poder encontrarte.- me dijo viendome a los ojos.
Me quede pasmada al pensar en lo que tuvo que haber hecho para lograr encontrarme.
El sonrió satisfecho al ver mi expresión.
Giro en redondo y dijo en voz alta a todos:
-Ya se pueden ir a almozar.- con una sonrisa que hizo que todos se quedaran en sus asientos, despues del shock que les produjo verlo sonreir y hablar, todos se levantaron y se fueron saliendo lentamente, lanzandonos miradas furtivas.
Penelope se quedo hasta el ultimo con Kayla (que la miraba asustada), Penelope la miro friamente a los ojos, asustandola aun mas, y se dirigio a nosotros.
-Antes de que me vaya, no puedo evitar venir a invitarlos a la fiesta que voy a hacer por el cumpleaños de Kayla, el sabado por la noche y...- dijo Penelope coqueteandole a los ojos. Christopher parecia aburrido y ligeramente altivo.
-Tengo que pararte alli mismo.- le dijo interrumpiendola.- yo no te conozco, pero Beth tal vez si. ¿Vas a ir Beth?- me pregunto ligeramente divertido por la situacion.
-Ni de coña.- respondi enojada. Christopher se rio a carcajdas.
-No le caes bien a Beth, y cualquier enemiga de Beth es enemiga mia.- le dijo viendola enojado.
Ella estaba enojadisima con los dos, pero mas conmigo.
Yo sabria muchos años mas tarde. que ella se vengaria de nosotros por eso.
Por eso solo empeore su situacion diciendole:
-Ademas, ¿Quien en su sano juicio iria a una fiesta organizada por una persona que usa bolsas falsas de Hermes?- le dije, aquello la enfado mas que lo que habiamos dicho antes. Yo supe hasta mucho despues que ella nos ayudaria, vengandose de nosotros. Asi que aun ahora, años despues, no le reprocho nada.
Solo nos falto reirnos malvadamente.
Ella se fue con la dignidad que le quedaba,, y nunca volvio a Nueva York, la vi muchos años despues en Londres, pero esa es otra historia que contare despues.
Minutos despues, cuando la desgracia de Penelope dejo de ser graciosa, nos fuimos a un brunch con Grace, me di cuenta de que Christopher se ponia nervioso al estar conmigo, pero no timido. Ambos sabiamos que tendriamos tiempo de hablar de lo del mensaje el Sabado por la noche.
Que equivocada estaba.

Té & Leche

Me quede callada viendolo. Después de unos minutos que parecieron horas, August calmo su respiración y se dio media vuelta, dejandome sola en el umbral de la puerta.
Tome eso como una señal de invitación a su casa, y entre lentamente.
La casa por dentro era una maravilla, todas las paredes tenían diferentes tonos de azul, el color favorito de August, y en las paredes había pinturas en tonos beige y verde. En vez de patio la casa terminaba en la orilla de la playa, afuera había camastros de madera gastados por el ambiente húmedo y frío de South Hampton.
Seguí a August a través de una puerta de madera oscura con cristales verdes a la cocina.
El recorrió bruscamente un banco blanco de madera que estaba pegado a la mesa de mármol blanco en medio de la cocina. Tome esto como una invitación a que me sentara y así lo hice.
Se dirigió a la alacena y saco bolsas de te, una tetera, leche, limón, azúcar y finalmente dos tazas. Puso a calentar el agua en la estufa y se le quedo viendo a la tetera una buen rato, evitando mi mirada consternada.
Aproveche esta oportunidad para echarle un vistazo.
Vestía unos pantalones de pijama y una camiseta negra ajustada de algodón. Tenía el pelo chino alborotado, parecía que acababa de levantarse. Sus hombros estaban rígidos y su piel estaba bronceada. Era el mismo August que parecía modelo griego, pensé con felicidad al ver que no había cambiado nada.
La tetera comenzó a silbar y se relajo automáticamente; sirvió dos tazas de te , les agrego leche, limón y azúcar, y se sentó enfrente de mi suspirando mientras lo hacia.
Tome mi taza con la dos manos distraídamente y estaba a punto de tomar un pequeño sorbo cuando el se paro bruscamente y me la quito de las manos.
- ¿Estas loca?- me dijo en voz alta - Eres intolerante a la lactosa, por Dios Annabeth, ¿Tengo que acordarme siempre yo?
Solo por el simple hecho de que me llamara por mi nombre me hizo sonreír.
El gruño al ver mi sonrisa y me preparo otra taza, sin leche esta vez.
- No todos te van a recibir como yo Anna. Ni Leonard ni Anne Lise han olvidado, y cada vez que nos encontramos de casualidad, tu eres tema taboo.- me dijo con marcado acento griego.
- Lo se pero no estoy dando visitas a los fantasmas de mi pasado, necesitaba hablar con alguien que supiera todos mis secretos.- le dije mirando mi taza fijamente, esperando a la pregunta que haría.
- No conozco todos tus secretos, solo se que algo paso entre tu y Leonard, Anne Lise se enojo con todos y todos desde entonces no hablan de ti.- me dijo viendome seriamente con sus ojos azul mar.
- Todavia no estoy lista para hablar de ese día- le respondí nerviosa mirandome los pies. El se me quedo viendo un rato y al final dijo:
- Lo puedo imaginar. ¿Como y Porque estas aqui?- me pregunto después de unos minutos de silencio incomodo.
- Tu papa me mando una carta donde me decía donde estabas. Yo quería saber donde estabas tu, Anne Lise y Leonard, así que les pregunte a sus padres. Tu papá me respondió pero los padres de Anne Lise y de Leonard no me contestaron.- le respondí viendo al mar por la ventana, recordando los extraños meses después de el incidente.
- A mi papa siempre le caíste bien.- me respondió distraído.
Sonreí al escuchar esto, era cierto.
-Pero aun no me has contestado, ¿Porque?- me pregunto viendome directamente a los ojos.
Tratando de evitar sonar como un cliche comenze:
-Conoci a alguien y me recuerda mucho a ustedes, sobre todo a Leonard. Pero no quiero decirle nada de mis secretos porque si se los digo, me sentiria fatal.- le dije cohibida, al exponerme de ese manera.
-Empieza desde el principio.- me respondio con curiosidad, dandole un largo sorbo a su te.
Le conte todo, desde el dia en que lo conoci (lo que recordaba, al menos) hasta el dia de campo.
El asentia comprensivamente en los momentos adecuados, e incluso se rio a carcajadas al escuchar mi relato y descripcion de Grace.
Llegue a la parte donde le platique de como Marla me había descubierto por mis llamadas a Paris el 13 de Marzo.
August se puso completamente rígido, pero yo continúe.
Al terminar el se levanto y viendome con una mirada que no pude descifrar me puso los brazos en los hombros y lentamente me abrazo.
Sin querer, las lagrimas comenzaron a correr por no rostro, había extrañado a August mas de lo que había pensado.
El noto que lloraba y puso su barbilla en mi cabello, evitando mi mirada de nuevo.
-Lo siento, lo siento, lo siento..- me repitió en voz baja y melancólica por varios minutos hasta que los dos nos quedamos callados.
El cielo se había nublado mientras nos habíamos abrazado.
El me soltó lentamente, y note lo rígidamente que yo lo había estado abrazado.
Me miro a los ojos y giro hacia la cocina para lavar las tazas.
Esto me sorprendió, pues el August que yo conocía jamás lavaba mas que sus propias manos.
- Has cambiado.- le dije como un hecho, no como una pregunta.
- Ustedes nunca me juzgaron, y yo realmente creía que lo que hacia estaba bien, luego todo mundo se separo yo me quede solo sin amigos, comencé a buscar mas amigos y nadie me juzgaba pero me decían que a veces me comportaba como un imbécil, cuando lo comprendí, trate de cambiar.
Así he estado los últimos años, sigo siendo el mismo pero mejorado.- me dijo con un guiño.

Así estuve platicando con el tres horas mas.
Le conté de mi trabajo, de Penelope, de las noticias de mi papá, etcétera.
Al final el no me había contado nada de el; se lo comente y el me respondió:
- Es para tener un tema de platicar la próxima vez que nos veamos, te voy a visitar a tu casa.- me dijo sonriendo. Una vez que obtuve su promesa de que me visitaría, me despedí.
Lo bese en la mejilla, y lo abraze.
Llego un taxi, al que el había hablado, y me subí. Cuando lo voltie a ver su expresión me dejo ver que esto no había terminado aun.
Llegue a mi casa dos horas después exhausta y contenta.
Marla me esperaba enojada en la entrada del elevador.
- ¿Donde estuviste todo el día?- me pregunto enojada.
- Con un amigo que vive en South Hampton.- le respondí honestamente.
-Ahh Ok, me hubieras avisado.- me respondió menos enojada al ver que no mentía. Nos subimos juntas en el elevador. Yo estaba muy feliz pero calmada, ella echaba humos porque sabia que algo había pasado para cambiarle de humor.
Llegamos al departamento y me dijo:
- Talvez no confíes en mi, pero el 13 de Marzo se acerca...- me dijo.
Voltie sonriendo, y le dije:
- Ya voy a tener para esa fecha, a alguien con quien compartir mis penas.- seguí mi camino sonriendo confiada a mi departamento.

South Hampton

Me desperte a la mañana siguiente un poco desorientada. Me levante y me acerque al espejo que tenia a lado de mi cama.
Una Annabeth con los ojos rojos me devolvio la mirada.
En un dia corriente mis ojos se veian de un color azul grisaceo. Y mi piel que siempre parecia bronceada me hacia parecer una mujer que tenia antepasados alemanes y griegos pero por el momento estaba tan palida que parecia un mimo mal pintado.
Me meti al baño a darme una ducha caliente, me puse el shampoo y distingui el olor de lavandas.
Sonrei, a un cuando las lavandas me recordaban cosas feas, tambien me recordaban cosas buenas.

12 de Marzo del 2006

Llegue a la fiesta tarde. Ni siquiera me moleste en ir a la misa. La pequeña Cecile era catolica, y habia querido que oficiaran una misa para su boda.
El mar de las islas griegas se veia rojizo y anaranjado a estas horas de la tarde, en unos minutos el sol se pondria y el mar nos mostraria un hermoso atardecer.
Camine decidida, no habia tomado ni una gota de alcohol, busque por todas partes bajo los grandes toldos blancos que cubrian a los invitados en la orilla de la playa.
Encontre a Leonard y Cecile en la mesa principal. Enojada me acerque a ellos a pasos largos, cuando alguien me detuvo. August.

-¿Que estas haciendo?.- me pregunto en su acento griego.
-Saludo a los novios.- le respondi sarcasticamente.
-No hagas esto, no los ves, se aman. ¿Enserio quieres arruinar el mejor dia de su vida? ¿De tu mejor amigo?.- me pregunto mirandome a los ojos.
-No, no le puedo hacer eso.- le respondi enojada y desanimada. No porque realmente lo creyera sino porque August era para mi como Jesus habia sido para los judios, una guia que siempre me decia como hacer lo correcto.
No porque el fuera un santo sino porque el pensaba igual que yo, y cuando mi mente estaba demasiado nublada por mis sentimientos, el me sacaba de mis problemas.

-Ugh, odio el olor a lavandas.- le dije tratando de cambiar el tema, pues toda la fiesta esta cubierta de lavandas.
-Leonard las ama.- me respondio simplemente.
-Asco.- le dije fingiendo que vomitaba.
-¿Quien eres y que has hecho con Annabeth?- me pregunto horrorizado.
-¿Demasiado infantil?- le pregunte amargada.
-Hablando de infantilezas... mira Leonard contrato bailarinas de ballet. Justo lo que te gustaba hacer cuando eras pequeña.- me dijo señalandome con un dedo a unas bailarinas vestidas de blanco bailando en la playa.
Me quede embelesada. No podia apartar la vista de algo tan hermoso.
Eran seis bailarinas vestidas de blanco y en medio bailaba una con un vestido color lila, inmediatamente cuando ella estuvo en el puesto principal unos esparcidores soltaron un perfume de lavandas con freesia.
Fue en ese entonces cuando ame el olor y el color de las lavandas.
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Era a August a quien iba a ir a visitar en Nueva York. Habia recibido un año atras una carta de su padre que me decia que el se encontraba en South Hampton, en una casa de verano, despues del incidente del 13 de Marzo se habia hartado de viajar tanto y habia decidido quedarse en un solo lugar; y que mejor lugar hay para descansar que Hamptons Bays.

Me arregle concienzudamente, me maquille y me puse un lubricador en los ojos para que se vieran normales. Desayune rapidamente unas magadalenas, me limpie la boca y abri la puerta lentamente para no despertar a Marla. Pero el esfuerzo fue innecesario pues ella habia dejado una bufanda colgada en la puerta, lo que significaba que no se iba a despertar hasta tarde por la culpa de un chico.

Agradeci mi buena suerte y sali corriendo por un taxi. Llegue media hora despues a la central de trenes y tome el primero que saliera a Hamptons Bays, o al menos a un lugar cercano.
Despues de casi dos horas de viaje llegue a la ciudad, tome un taxi y unos minutos despues llegue a South Hampton y lo primero que pense fue que era de verdad lo que me habia dicho Leonard una vez:
"Cuando vas a South Hampton lo primero que piensas es: Esto parece una pelicula de desastres quirurgicos dirigida por Donatella."
Camine por las calles cercanas a la playa, buscando la calle que me llevaria a la casa de August.
Cuando por fin llegue a la casa numero 41, supe que habia llegado al lugar.
La casa de August tenía su sello personal griego. Su casa era completamente hecha de piedra, con muchos ventanales y un color azul marino en las paredes, un porche protegía la casa en los dos pisos con madera oscura.
Subi las escaleras y toque la puerta lentamente con los nudillos.
Se escucharon pasos en la casa, acercándose a la puerta.
Tome una gran bocanada de aire y la puerta se abrió súbitamente.
August se me quedo viendo en shock y enojado me dijo:
-¿Que demonios haces aqui?

Recuerdos

Llegue a mi casa completamente en piloto automatico. No estaba en shock, era imposible, habia hecho esa jugada miles de veces, habia besado a muchos chicos, habia ido a muchas citas. Era imposible que estuviera nerviosa. Era otra cosa completamente. Pero no podia de dejar de pensar en Christopher.
A pesar de que mi mente me decia que pensara en como resolver las cosas acerca de mi secreto con Marla.
Ella no lo debia descubrir, jamas.
Me acerque a la ventana a ver a la ciudad. Me gustaba hacer eso en Nueva York, a estas horas de la noche las torres de los grandes rascacielos estaban completamente iluminadas, creando un contraste con el cielo oscuro que era realmente asombroso.
Me quede embobada, olvidando completamente mis alrededores, sumergiendome sin querer, en recuerdos que eran mejor no recordar.

30 de Noviembre del 2004

Me tambalie en medio del pasillo y casi cai al suelo cuando dos manos fuertes me sujetaron por las costillas. Comenze a reirme histericamente, estaba de muy buen humor, o tal vez era el bourbon y el champgne combinados.

-�Donde estamos?- le pregunte a mi heroe.
-�Monte Carlo?- me respondio Leonard riendose, mientras me ayudaba a levantarme.
-�Es eso una pregunta o una respuesta?- le pregunte, y su cara de desconcierto hizo que estallara en una carcajada de nuevo.
- Talvez es Amsterdam. Lo unico que se es que el cuarto es el 105.- me respondio.
- �En eso es en lo unico que piensas?- le pregunte seductoramente.
- Solo pienso en ti, es demasiado cansado, pensar en una sola persona todo el tiempo. Casi no me deja pensar en esto.- me dijo besando mi cuello lentamente.
- Leonard, Anne Lise va a llegar en cualquier momento.- le dije volteando a todos lados, como si la fuera a ver en los alrededores. Pero estabamos solos.
- Bah! Que se duerma en el sofa.- me dijo besandome aun mas, recorriendo con sus dedos mi pelo.
-Okay.- le respondi sonriente.- Pero yo no voy a recibir su sermon ma�ana- le dije mientras corria hacia la habitacion, feliz de estar con alguien tan perfecto.
-�Con que pensabas abrir la puerta cari�o?- me pregunto Leonard mirandome profundamente con sus ojos grises. Me perdi en ellos, si es que se podia estar mas perdida, en aquellos ojos que recordaban a las tardes de lluvia en Paris.
-No lo pense.- le dije embobada. Que guapo estaba con ese sueter gris, y esos pantalones negros, olia tan bien, una colonia deliciosa.
-Claro que no swetie. No puedes ni pararte, se va a tener que posponer la noche.- me dijo sonriendo, mientras introducia la tarjeta del hotel en la puerta. La abrio y una vez adentro me cargo.
- �Que haces? Pense que se iba a posponer la noche.-le reproche sonando como una ni�a mimada. Llegamos a la habitacion y me acosto en la cama suavemente. Destendio la cama y me cubrio con las sabanas y las colchas. Toda la habitacion parecia sacada de una pelicula victoriana.
-Lo unico que haremos esta noche es dormir swetie .- me dijo sonriendo. Se inclino, me beso en la frente y se sento del otro lado de la cama matrimonial. Se quito los zapatos, los calcetines, el sueter, hasta quedar solamente en su camiseta blanca y sus pantalones negros. Se cobijo, apago la lampara y se recosto en su almohada.
-Te amo Annabeth, desde que eramos dos ni�os que jugaban a aventarse arena en Los Hamptons. Desde entonces.- me dijo sonriendo, besandome de nuevo.
-Yo tambien te amo Leonard.- le dije sonriendo, mientras veia como el cansancio le ganaba, y sus ojos grises se cerraban lentamente.
- Siempre te amare Leonard.- susurre cuando estuve segura de que el ya estaba dormido.
-Yo tambien swetie.- me respondio entre sue�os.

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27 de Febreo del 2008 (ACTUALIDAD)
No deberia estar pensando en eso. Era mi pasado, mi secreto.
De los tres amigos que habia tenido era Leonard en el que menos podia pensar, porque una vez que empezara a recordarlo, no iba a poder parar.
Lo habia nombrado hoy, a Marla, sin pensarlo.
Leonard habia sido el unico con el que habia estado enamorada. Despues y antes de el, el amor habia sido un concepto fantasioso y extra�o. Hasta ahora, con Christopher.
Mire mi reflejo en la ventana de mi habitacion.
Cuanto habia cambiado en tan poco tiempo.
Debia de dejar pensar en Leonard, y la unica manera era pensar en los momentos malos que habia pasado con el; doleria mucho pero por lo menos, pensaria en otra cosa.

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20 de Diciembre del 2005
Madrid, Espa�a
-Creo que deberiamos romper.- me dijo Leonard seriamente. La gente pasaba a mi lado, sin darse cuenta de que una crisis me estaba ocurriendo.
Lo mire sin entender, y cuando vi que sus manos tenian un poco de tierra, me enfureci.
-�Fuiste a verla otra vez verdad?-le dije tomandole las manos abruptamente, sacudiendolas enfurecida.
El no se asusto, me miraba preocupado.
-�Estuviste en el bar del hotel verdad?- me pregunto tomandome las manos que me temblaban del enojo.
-A ti que te importa.- le respondi aguantando las lagrimas.
Leonard suspiro y busco algo en su chaqueta. Saco una caja peque�a, para anillos.
Me la mostro con una mirada triste y me dijo:
-Esta era para ti, lo compre hace dos a�os cuando estuvimos en Sudafrica. Pero cuando estaba a punto de dartelo y hacerte la pregunta en lo unico que pensaba era en como extra�aba como eras antes de que tu madre se fuera, o lo mucho que extra�aba poder platicarte de todo lo que me pasaba. Fue cuando descubri que lo unico que queria era a mi amiga.- me dijo tocando mi brazo, hipnotizandome con esos ojos que siempre habia amado.- Trate, te lo juro. Han pasado dos a�os y aun no puedo amarte como quieres que te ame.
-�Por eso andas con esa maldita asquerosa?- le pregunte de nuevo iracunda.
-No le hables asi a Cecile.- me dijo severamente.
Lo observe tratando de calmarme. Fue entonces cuando identifique el olor que tanto me tenia molestando. No era la colonia que el usaba, era lavanda.
Recorde que el me habia dicho que el lugar perfecto para pedir matrimonio era en un campo de lavandas.
La sangre huyo de mi rostro. Le arrebate la caja y la abri, solo para ver que el anillo que debia estar alli, no estaba.
-�Le....le has pedido...?- le pregunte atragantandome con un nudo que se estaba formando en mi garganta.
Leonard asintio levemente, mientras me quitaba la caja lentamente. Mirandome compasivamente.
-La conoces de hace poco, me estas bromeando.- le respondi histerica, negando lo que tenia ante mis ojos.
-Te conozco a ti desde hace mucho y no te pude pedir matrimonio. Yo amo a Cecile. Desde el momento en que la conoci.- me dijo con la voz de un hombre perdidamente enamorado. Se guardo la caja en su chaqueta y se levanto.- Espero que puedas ir a la boda va a ser en Marzo, te digo luego cuando lo decidamos.
-No, no Leonard. No me hagas esto, hare lo posible. Porfavor.- le dije tomandole las manos histericamente, suplicandole.
- Te quiero Annabeth.- me respondio simplemente besandome la frente.
Camino hacia la calle sin mirar hacia atras.
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ACTUALIDAD

Comenze a llorar por una herida que pense que ya habia cerrado. No estaba enamorada de Leonard, lo habia superado. Pero el recuerdo de Marzo del 2006 me acechaba. Y solo habia una persona en Nueva York con la que podia hablar de ese recuerdo, pues el 13 de Marzo se acercaba y si queria que mi relacion con Christopher continuara, tenia que superar ese recuerdo tan lamentable.

La jugada

Algunas personas se me quedaron viendo, extrañadas.
Las ignore, tenia demasiado en la cabeza como para preocuparme en lo que pensaba la gente.
Busque entre la multitud, buscando a Marla.
La encontre justo a un lado del lago sola, tomando una bebida.
Corri hacia ella cuando escuche que alguien gritaba entre el ruido de las voces de los demas.

-¡Annabeth!- me encogi y camine mas rapido, reconocia esa voz perfectamente.

-Marla- dije en voz alta cuando estuve mas cerca.

-¿Annabeth? ¿Y ese vestido?- me dijo sorprendida.

-Necesito irme. Ahora.- le dije nerviosa, volteando continuamente sobre mi hombro para ver que no me habian encontrado aun.

-Calmate, ¿Que ha pasado?- me pregunto tranquilamente poniendo una de sus manos , pues la otra tenia un martini de manzana, sobre mis hombros, tratando de calmarme.

-Te lo explico en el departamento, pero ahora me tengo que ir.- le dije desesperada.

-No, estas demasiado preocupada...- me dijo viendome a los ojos, preocupada.

-Okay si tu no me vas a sacar, me ire yo.- le dije quitando su mano rapidamente. Me dirigi hacia la puerta de la entrada, corriendo.
Mientras corría busque en todas partes una señal de que Christopher me había encontrado, pero cuando lo encontré entre la multitud vi que estaba buscando cerca de la casa, lo que me daba suficiente tiempo para llegar a la entrada, subir a un taxi e irme a Nueva York lo mas rápido posible.

Sentí que alguien me jalaba la mano, asustada voltie, para ver que era solo Marla.

-Ya se que pasa, algo te recordó lo que te paso el 13 de Marzo.- me dijo preocupada.
Voltie a verla con cara de shock.

- ¿Como sabes de eso tu?- le pregunte atónita.

- Cada año el 13 de Marzo te encierras en tu cuarto a llorar y a hablar con un pariente que se que no es tu papa, lo se por la clave del numero, se ahora que es de Paris, pero nada mas, lo juro.- me dijo seriamente.

Yo no sabia que responderle. Jamas pensé que ella sabría de eso. Incluso la prisa de irme se había ido

- Oh dios mío. ¿Es ese Christopher?- me pregunto Marla olvidando por un segundo la seriedad del asunto.

-¿Ya me encontró?- le pregunte desdichada.
- Viene para acá.- me dijo voltiando hacia otro lado para disimular que estábamos hablando de el.

- Annabeth.- me dijo tratando de recuperar el aliento. Poniendo una mano en sus costillas.

- Christopher me tengo que ir, Marla me estaba diciendo que Laura, una amiga de nosotras se enfermo.- mentí, sin ver la reacción de Marla.

- ¿De que se enfermo?- me pregunto curioso.

-De... Una gripa... Eh... Influenza, si, le dio influenza.- le dije triunfante por haber podido acordarme de una enfermedad. Sin embargo por su cara de incredibilidad, sabia que no lo había engañado.

- Asi que eres de las que se escapan. Solo te mencione que habias leido un mensaje y huiste. Yo solo queria ver tu reaccion, y tu te fuiste corriendo. No me importa que leas mis mensajes, pero ese era de mi hermana.- me dijo, aun un poco asfixiado.

- Deberias molestarte, no somos nada tu y yo.- le dije suavemente, aceptando la realidad. Eso era algo que la antigua Annabeth diria, estoy segura.
Christoper me miro herido por un segundo y luego sonrio burlonamente.

-En eso tienes razon Beth.- me dijo sarcasticamente. Se voltio rapidamente y se fue caminando hacia la gente.

-Annabeth, ¿Enserio te vas a quedar alli parada?- me dijo Marla incredula detras de mi.

-No pero es que...- sabia muy bien que correr hacia el era solo una señal de que yo estaba desesperada. Asi que decidi hacer una jugada que no hacia desde hace mucho tiempo, una jugada que me habia enseñado Leonard, que funcionaba siempre.

Corri hacia el, que estaba justo en el jardin junto a la alberca, donde lo habia encontrado por primera vez.

-¡Christopher!- le grite sin aliento.

El voltio rapidamente, y antes de que reaccionara, me acerque, lo tome por el cuello para que estuviera a mi altura, y lo bese. El primero se quedo inmovil, pero despues de unos segundos me respondio entusiasticamente.

Me aparte rapidamente, sonrei y le dije.

-Te veo el viernes en Delmonicos a las 8, sunshine.- le guiñe el ojo y me fui rapidamente a la entrada donde me esperaba Marla con los ojos abiertos de par en par. Lo habia visto todo.

-¿Que fue eso?- me dijo atonita.

-La jugada de Leonard.- le dije con una sonrisa triste.

Queias de Baudoneon

Y una carcajada maliciosa interrumpio mis pensamientos. Una bien conocida carcajada.
Penelope.
Estaba junto a uno de los jefes juniors (personas que era dueñas de grandes empresas antes de los 30) y me volteaba a ver mientras los dos reian.
Mientras, Christopher hablaba con Grace y unos muchachos, era imposible que me incluyeran en la conversacion y parecia que estaba sola en la fiesta, con un vestido que no era mio.
No podia estar aqui, tenia que buscar la forma de no verme tan ridicula.
Busque a Marla por todas partes pero no la encontraba.

Estaba buscando detenidamente a Marla, asi que no note como Penelope se acercaba a mi lado con un monton de compañeros y gente que yo no conocia.

-Querida, si no te conociera, juraria que no invitas a NADIE porque eres demasiado ecologica. Y no quieres que gastemos tanto papel.- me dijo sonriendo mientras se reian levemente o tosian los demas.

Yo desesperada busque ayuda en Christopher pero el seguia hablando con sus amigos, Grace me sonrio, talvez pensando que estaba hablando con un monton de amigos. Ingenua.

-Tu papa no te puso atencion de niña y por eso te metes en cosas que no te importan... querida.- le dije sonriendo sarcasticamente, pero aunque ella se quedo paralizada por mi comentario, no me sentia segura aun.

-No proyectes tus problemas en mi querida, y no te enojes conmigo, yo solo platico contigo un rato, ya que no te vimos en toda la tarde desde que llegaste. ¿Fuiste a la farmacia por tu medicina?- me dijo mientras me ponia su mejor cara de inocencia y lastima.

-No pero si quieres puedo ir por tu Valium, oi que se te habian acabado.- le dije sonriendo lastimeramente.

-Ya basta de la platica sin sentido, solo venia a preguntarte donde estuviste toda la tarde, nos preocupamos todos, incluso Daniel.- me dijo curiosa pero altanera.
Despues de pensarlo por unos segundos, decidi decir la verdad.

-Estuve con unos amigos, Christopher y Grace.- les dije señalandolos. Ellos seguian en si platica sin darse cuenta de que alrededor de 15 personas los estaban viendo.

-¿Ah enserio? Los he visto por ahi, pero no parecen que son de otra compañia.- me dijo realmente curiosa de saber quienes eran.

-No son dueños de ninguna compañia, son los amigos de el dueño de la casa. Vimos una pelicula.- les dije inocentemente, sin esperarme para nada su reaccion.
Todos comenzaron a reirse a carcajadas.
-¿Tu en la casa Annabeth? Antes te creo que vas a ir al baile del anochecer.- me dijo muriendose de risa junto con los demas.

-Tambien voy a ir al baile.- les dije sin pensar en lo que decia, provocando otra ronda de carcajadas.

-Para que no te humilles mas nos vamos ya Annabeth.- me dijo Penelope mientras se daba la vuelta riendose con los demas. Algunos de es grupo se juntaron con otros, y en menos de 15 minutos todos sabian que habia dicho y como me habia puesto en mi lugar Penelope. Todos me veian, se reian e incluso decian cosas como:
"Es increible que su papa sea tan famoso y ella tan..." y cosas por el estilo. Yo estaba a punto de llorar.

Justo cuando iba a empezar a caminar a la salida los amigos de Christopher se despidieron, y Grace y Christopher caminaron hasta donde yo estaba. Ha! Ahora que ya nadie me miraba ellos me hablaban.
- Ya casi va a empezar el baile.- me dijo Grace sonriendo, mientras se daba la vuelta y se mezclaba rapidamente entre la multitud.

Christopher se puso a mi lado, pero retirado, sin decirme nada. Yo ya estaba a punto de sufrir un ataque de nervios. Ya queria que este dia se acabara, me sentia tan humillada.

-¿Que te pasa? ¿Porque tan callada?- me pregunto sonriendo.
-No es nada. ¿A que hora empieza el baile?- le dije señalando la pista que estaban poniendo en cerca del lago.
-En unos minutos. Hey, si realmente te incomodo lo de la etiqueta, no lo vuelvo a hacer.- me dijo mientras se pasaba la mano por la nuca, incomodo.
-No eres tu...- le dije tratando de enmendar mi comportamiento.
-¿Soy yo?- dijo terminando mi frase.
-No una compañera de el trabajo que me fastidia.- le dije buscandola con la mirada. La encontre cerca de una tarima de presentador.
-Es esa de alla.- le dije señalandola.
-¿La host?- me pregunto.
-¿Ella va a estar en el baile?- le pregunte fastidiada.
-No, solo va a decir unas palabras de agradecimiento y luego los musicos van a comenzar a tocar.- me dijo señalandome a un grupo de hombres que tenian violines, guitarras y teclados, y una mujer con un vestido rojo que tenia en la mano un microfono. Seguro ella era la cantante.
Penelope se puso atras de la tarima de presentador, se arreglo el pelo, me busco y me sonrio maliciosamente y se acerco al microfono.

-Buenas noches a todos, de parte del Conde Patrick Rumsfeld East, se les desea una gran noche, una hermosa velada y un gran baile. Y ahora para abrir el baile, el Sr. Christopher Duncan y su pareja.-
Todos comenzaron a buscar a Christopher, y algunos que lo conocian lo miraban directamente y comenzaban a aplaudir. Christopher se me acerco lentamente y me tomo de la mano.
-Ya es hora.- me dijo, sonando nervioso por primera vez.
Caminamos hasta el centro de la pista, y nos quedamos parados, mientras nos veiamos a los ojos, esperando a que comenzara la cancion.
Penelope al ver a mi pareja, camino furiosa hacia los musicos a decirles algo, me voltio a ver con cara de odio y me sonrio sarcasticamente. Y la entrada de la cancion Queias de Baudoneon comenzo. Esa era una cancion muy compleja de tango.
Y juro que estuve a punto de arrodillarme y dar gracias al cielo por las clases de danza que tanto amaba, pero no estaba segura de si Christopher sabria bailar el tango.
Di unos dos pasos y tome su mano izquierda, el enseguida me tomo por la cintura.
-¿Christopher sabes bailar tango?- le dije tratando de no mover los labios.
-Me enseñaron hace unos años, ¿Tu sabes?- me pregunto incredulo mientras movia un poco los pies.
-Si.- le respondi un poco ofendida. Y comenze a bailar, tratando de imaginar que estaba sola en un studio, y no en un lugar lleno de gente con la que trabajaba. Y mientras me dejaba llevar por el ritmo de la musica pude sentir que Christopher si sabia bailar tango.
Cuando termino la cancion todos los demas aplaudieron, la jugarreta de Penelope no le habia servido de nada.

-¿Ya estas mas calmada?- me pregunto acercandose a mi oido mientras una musica mas lenta comenzaba, y varias parejas comenzaban a bailar en la pista.
-Si estoy mucho mejor.- le dije sonriendo.
-Me debes un secreto.- me dijo viendome seriamente a los ojos.
-Y eso ¿Por que?- le pregunte extrañada.
-Porque tu sabes uno mio- me dijo con la voz baja.
-Yo no se nada de ti- le respondi un poco dolida.
-Entonces me puedes explicar porque mi celular dice que lei un mensaje de Grace cuando nunca lo habia leido.- me pregunto un poco enojado.
El color se dreno de mi rostro al saber que habia sido descubierta. Y sin pensarlo dos veces solte sus manos y corri a la entrada, pues sabia que no importaba cuanto me gustara, jamas podria decirle mi secreto. Decirlo en voz alta lo haria demasiado real.

Azul

Nueva entrada, espero que les guste, no se les olvide TWITTER HOTMAIL ESTAN AQUI --->
Cuando me termine de maquillar con ayuda de Grace, por fin abri el empaque del vestido que tenia un vestido hermoso de color azul que busque luego en internet, y el unico que encontre, que se parecia mas o menos due este:

El caso es que era azul y estaba hermoso. Me encanto, y con el maquillaje de Grace y unos zapatos dorados me veia muy bien.
Al salir Grace me dijo que esperara en la sala en lo que Christopher salia de su cuarto y ella se arreglaba.
Y ahi llego un momento crucial en esta historia; podia irme, mandarles el vestido despues y no meterme en una historia de secretos y suspenso, o podia quedarme, bailar, desmentir lo que habia dicho Penelope e irme a mi casa con una sonrisa boba en la cara.
La vieja annabeth seguramente habria elegido la primera opcion, sin gastar su tiempo en hombres con problemas, pero habia cambiado y obvio elegi la segunda opcion.

Me sente cuidadosamente en el sillon de la sala, esperando a que los dos salieran. Cuando escuche el ruido de una puerta abrir y volver a cerrarse.
Era Christopher saliendo de su cuarto, que estaba distraido y concentrado a la vez tratando de ponerse una corbata, con demasiada dificultad.
No sabia si reirme de su cara de preocupacion por como ponerse,  o quedarme embobada por como sin darse cuenta irradiaba inocencia, sensualidad, personalidad, arrogancia, misterio e inteligencia, todo sin que fuera planeado, era algo que supongo lo tenia desde su nacimiento o habia tardado años en pereccionar.

Opte por la segunda de nuevo pues el traje negro, que yo usualmente describia como "pinguinos burocratas" a todos los que los usaban, le quedaba perfectamente, solo que el en vez de usar un moño usaba una corbata con colores gris, blanco y negro que hacian por alguna razon que sus ojos se vieran de color grises.
-Te ves increible.- le dije sin pensarlo, pues queria tratar de hacerme la dificil y misteriosa, pero al verlo, me fue imposible.
-No si tu estas en la habitacion, sweetie*.- me dijo sonriendo, colgandose la corbata por un lado, dandose por vencido.
-Vamos ven, te voy a ayudar a ponertela.- le dije tratando de no sonrojarme por su comentario. Pero en eso me acorde de quienes me decian sweetie, antes, muchisimo tiempo antes de que decidiera venir a Nueva York, del "asunto innombrable" y de mi salida del mundo de mi papa y de ellos.
Mis tres mejores amigos, que habian insistido en decirme sweetie toda su vida pues cuando eramos pequeños me habia caido a un caldero de azucar en una fabrica a la que habiamos visitado.
Leonard, Anne-Lise y August.

Detuve a mis pensamientos en seco, pues si seguia pensando en ellos tres terminaria hecha un lago de lagrimas, y eso definitivamente no queria. Ademas habia logrado no pensar en ellos todo el tiempo desde mi llegada a Nueva York, y ahora el, Christopher, llegaba y sin darse cuenta me hacia abrir la puerta detras de la cual habia guardado el unico secreto que estaba segura, jamas le contaria a nadie. Ni siquiera a el mismo.

-¿Sabes poner corbatas?- me pregunto pues mi mano temblaba un poco. Me trate de tranquilizar, nadie sabia mi secreto aqui, por mas que Christopher me recordara a Leonard, no podia haber ninguna relacion entre ellos dos.
- Claro que se, me ofendes.- le dije forzando una sonrisa dulce en mi rostro.
-Muy bien, debes saber que yo fingi todo esto solo para que tuvieras las manos en mi cuello y ponerte aun mas incomoda.- me dijo riendose, y por un momento me recordo a como se reia Grace.
Me rei con el, y los pensamientos oscuros se fueron.
-Ya esta.- le dije cuando estuve segura de que la corbata se encontraba perfecta.
-Gracias.- me dijo sonriendo, mientras me rodeaba el cuello con sus brazos y se acercaba lentamente a mi oreja, yo me quede inmovil sin poder respirar siquiera, y me dijo muy bajito en la oreja, tan cerca que su aliento movio un poquito a mis aretes:
-Tu etiqueta esta afuera.- me dijo mientras me la arreglaba lentamente.
-¿Practicando para el baile?- grito Grace desde la puerta de cuarto, provocando que los dos saltaramos al mismo tiempo, asustados. Lo que obviamente causo al instante un ataque de risa de parte de Grace.
-My love, theres only you in my life, the only thing thats right...- djo cantando la cancion de endless love.
-Grace, siempre tienes que arruinar todo.- le dijo Christopher finjiendo enojo pero podia ver que se habia puesto rojo como yo.
-Ya es hora tortolos. Primero tenemos que salir, mezclarnos y luego va a comenzar el baile.- nos dijo mientras se ponia una bufanda beige encima de un vestido rojo. Camino hacia nosotros, y abrio la puerta de la entrada, que daba al jardin del lago donde todos mis compañeros paseaban a la luz del hermoso atardecer. Se veian tan hermoso.
Y aunque me daban ganas de solo disfrutar el momento, el atardecer me habia recordado algo...
Christopher no era el unico con secretos.
Annabeth- 3
Christopher- 1
Y aun cuando habia jurado jamas contarselo a nadie, sabia que llegaria un momento cuando le diria todo.